Una velada en realidad bastante perfecta:

Llevaba un rato imperdonablemente largo sin escuchar a Malpaís en vivo y al igual que todas las veces anteriores me volví a convencer de una cosa: cada vez que uno lo escucha suena mejor. Siempre hay un recoveco que no había notado antes, un nuevo acorde en el lugar preciso, o un nuevo despliegue de virtuosismo que antes no había estado presente (y sin querer echar a menos al grupo, creo que el de hoy se lo lleva la muchacha del coro). Música espléndida, compañía ideal, y para cerrar, llegando a casa me detuve un minuto para (ad)mirar por última vez en el día la escena del acto: San José de noche.
Gracias a mis tres cómplices.
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A mí me contaron que andaban dos chilenos de sangre y ticos de corazón, una tica de sangre y chilena de corazón y un transplante liberiano ligando por los baños.
Pues a mí me contaron que habían más grouppies que de costumbre en el Jazz Café, que no dejaban a los maes de Malpaís cantar de los gritos que pegaban y que a un pobre mae que los llegó a apreciar por vez primera, una vieja que cantaba a gritos cerca de él, no lo dejó escuchar nada.
Excelente velada, excelente música y excelente compañía!
A mí me preguntaron: “Conoce a la gente de esa mesa? Es que preguntaron por ud”
Y me contaron una que otra cosa, pero solo aclaraciones.
A mi me contaron que la chilena de corazón agarra a los chilenos de sangre pa’l leseo y se pone a hablar como mi comadrita (y al menos uno de los chilenos dijo que se lo pasó el descueve…)
Ah, pero el primerizo dicen que salió sonrriente, así tan mal no la puede haber pasado, ¿no?
¿Sólo aclaraciones? La próxima vez le apagamos el cigarrillo a la liberiana y tal vez así se ve más claro :-)