Recientemente Cory Doctorow en una charla sobre Digital Rights Management dijo:
For 500 years there were no Chemists, there were only Alchemists. Alchemists were a kind of precursors to Scientists, who were attempting to turn lead into gold and to understand more about the physical universe. The thing that characterized Alchemists more than anything was that Alchemists didn’t tell each other what they discovered and so for 500 years every Alchemist discovered for himself, the hard way, that drinking mercury was a bad idea. Then one Alchemist began to publish his research and then another and then another, and in a hundred years we had the Enlightment that [spawned] five centuries worth of progress by the simple expedient of telling people what you learned and allowing them to build on what you’ve done. If you can see further, it’s because you stand on the shoulders of giants, as Newton said.
También le recodó al auditorio que bajo el sistema de copyright que impera prácticamente en todo el mundo, el poseedor de los derechos de autor puede decirle a quien adquiere una copia de una obra, por ejemplo un libro, si puede o no puede fotocopiar el libro, o si puede o no puede tomar el libro, reeditarlo y republicarlo, pero no puede decirle a esa persona en cuál país puede leer el libro, y la sola idea de que alguien pueda hacer eso nos resulta extraña. Pero resulta que eso es exactamente lo que sucede actualmente con un DVD. El productor le dice al consumidor no solo que no puede hacer copias del DVD, sino también en cuáles países puede utilizar el DVD.
Por qué nos parecería anormal que, digamos, al llevar el auto para una revisión de pronto el fabricante decide remover por ejemplo el encendedor o la radio, pero por otra parte nos parece normal que al actualizar un programa de cómputo de pronto pierda alguna funcionalidad porque el fabricante así lo decidió.
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Sin embargo, en el caso del DVD, con una búsqueda en Internet logramos que el aparato reproduzca cualquier DVD sin importar la zona, que se da como reacción a lo que decís
Ana, ese es precisamente el punto. Ni Cory ni yo nos referimos a la parte técnica del asunto, que como vos señalás es perfectamente soluble. Estamos hablando de la parte legal. Del hecho que quienes “hacen las leyes” están dispuestos a aceptar ese tipo de cosas.
En nuestras leyes hay un vacío suficientemente grande como para que este tipo de cosa no esté contemplada, pero al mismo tiempo hay suficiente espacio para interpretación como para que una compañía con el interés suficiente le logre arrancar un fallo al sistema en el sentido que esos dispositivos son ilegales.