Archive for Septiembre, 2009

El valor de un voto

Lunes, Septiembre 28th, 2009

Nuestro sistema electoral es una auténtica pieza de museo.  En serio: debería estar en un museo y no en uso.  Tiene una cantidad de deficiencias, pero una de las más llamativas tiene que ver con las elecciones donde existe más de una plaza elegible, por ejemplo, el caso de los diputados.  En este tipo de elecciones los puestos se llenan por un sistema de cociente y subcociente.  El cociente es el número de votos válidos divido entre el número de puestos a ocupar, y el subcociente es la mitad de eso.  Para asignar puestos se toma el número de votos que recibió cada partido, se divide entre el cociente y se toma la parte entera del resultado.  Esto se hace con todos los partidos que participan en la elección.  Si luego de hacer esto no se asignan todos los puestos, se recurre al sistema de subcociente, que no voy a tratar de explicar y el que tenga interés puede ver los artículos 203, 204 y 205 del código electoral vigente.

Para entender como funciona esto en la práctica, podemos mirar datos los de la elección de diputados del año 2006 en la provincia de San José.  Hubo 608967 votos válidos y habían 20 plazas para llenar, así que el cociente era de 608967/20 = 30448,35.  Los resultados parciales de esa elección, para los partidos que obtuvieron más que el subcociente (15224,18), fueron:

  • PLN, 204429
  • PAC, 159050
  • ML, 56035
  • PUSC, 37834
  • RN, 32909
  • PASE, 25690
  • PUN, 16804
  • FA, 17751

Todos los partidos que obtuvieron por lo menos 30448,35 votos tienen asegurado al menos un puesto.  Vean que eso deja fuera al PASE, PUN y FA.  Acá sin embargo es necesario calcular un “resto”, es decir, cuando asigno 6 diputados al PLN (204429 / 30448,35 = 6,7) me sobran votos.  Nadie en su sano juicio trata de calcular un residuo cuando divide números reales (de esos, “con coma”), nadie excepto el código electoral costarricense.  El residuo en este caso serían 21738,9 votos.  Sí, “coma nueve”.  Vayan a buscar a un costarricense y le dicen que el 10% de su voto se utilizó para elegir a un diputado y el otro 90% “todavía no”.  Los residuos (R) de los partidos junto con los subcocientes (S) son:

  • PASE, 25690 (S)
  • ML, 25586,65 (R)
  • PLN, 21738,9 (R)
  • FA, 17751 (S)
  • PUN, 16804 (S)
  • PUSC, 7385,65 (R)
  • PAC, 6808,25 (R)
  • RN, 2460 (R)

Ahora viene la parte perversa de este sistema: noten como los partidos están ordenados por su residuo y subcociente según corresponda.  Como por cociente se asignaron 14 puestos y los elegibles son 20, se asignan seis puestos a los partidos en esta lista, uno por uno hasta que se agoten.  Si no se agotan, se siguen asignando desde el inicio de la lista.  Acá que hay subrayar un detalle: el residuo de el PUSC, el PAC y RN son menores que el subcociente, pero de todas formas participan en la repartición.  Si ese no hubiese sido el caso, el PASE con sus 25690 votos hubiese obtenido dos diputados y no uno.  El problema de este sistema es que hay situaciones en las cuales un voto vale más que otro. Por ejemplo en la elección del 2006, el PLN obtuvo no uno sino dos diputados en Heredia y dos diputados en Guanacaste gracias a este sistema.

La otra parte perversa de este sistema es que existen situaciones en las cuales un partido se verá sobrerepresentado en la Asamblea Legislativa.  Por ejemplo, utilizando números muy similares a los que finalmente decidieron los siete diputados de Cartago, si el partido A obtiene 59999 votos, el partido B 50000 y el partido C 8999, entonces nuestro sistema asigna 4 diputados a A y 3 diputados a B.  Pero si una sola persona más decide quitarse la flojera y va a votar por C, entonces el resultado cambia a 3 diputados para A, 3 diputados para B y 1 diputado para C.  En otras palabras, con una representación en la votación de 7% en ambos casos, en el primero el partido C obtiene el 0% del poder de desición mientras que en el segundo obtiene un 14%.

Existen sistemas de elección más justos, pero también más complicados.  Acá en Costa Rica podríamos optar por hacer las cosas más simples y redondear el número de diputados obtenidos, es decir, si obtengo 60 mil votos de un total de 90 mil y hay 7 puestos eso son 4,7 puestos, es decir 5.  Con ese sistema va a ocurrir que no todos los puestos se pueden ocupar, más tomando en cuenta la gran cantidad de partidos políticos que participan en la elección y que no obtienen ni siquiera medio puesto, ni que decir uno entero.  Una solución es seguir asignando puestos por el número total de votos obtenidos, es decir, en esta hipotética elección, si sobran 2 puestos y un partido obtuvo 6300 votos, otro 6000 y otro 5800, entonces los partidos con 6300 y 6000 votos obtienen un puesto.  Otra solución es no redondear hacia arriba sino hacia abajo y que los votos “no utilizados” se asignen mediante coaliciones, es decir, utilizar los votos para designar diputados, y que cada voto se use como máximo una vez.

En “mi” Asamblea Legislativa, es decir, en una donde yo considero el método de elección más justo, el PLN hubiese tenido 21 diputados, el PAC 15, el ML 7, el PUSC 6, Renovación Costarricense 1, el PUN 1, UPC 1, Unión Agrícola Cartaginés 1, PASE 1, Acción Laborista Agrícola 1, FA 1 y RN 1.  Hubiese sido tal vez más fácil para el PLN obtener mayoría simple, pero también le hubiese costado más la mayoría absoluta.  De cualquier forma hubiese sido una Asamblea Legislativa más representativa.

Arreglando el transporte público en Costa Rica, parte II

Sábado, Septiembre 26th, 2009

Como respuesta a mi respuesta, Rodolfo comparte sus ideas respecto a la información mínima que debería presentar un bus, y como yo soy yo, tengo mis ideas al respecto también.  Me parece que Rodolfo presenta muy buenas ideas, pero también me parece que se está extraviando en los detalles microscópicos e ignorando el problema de fondo. Dice por ejemplo que entre otras cosas un bus debería presentar la siguiente información en la parte externa:

Ruta o Esquema de la Ruta: Debería incluir un esquema de la ruta con las paradas, y ojalá con direcciones absolutas (Calles y Avenidas) y no relativas (Tantos metros desde tal cosa).

Rodolfo: en la parte externa del bus eso no me sirve de nada.  Si requiero esa información es para poder decidir en cuál tengo que subir, lo cual quiere decir que la necesito antes de estar frente al bus.  Y una vez que estoy dentro del bus, donde no puedo ver la parte de afuera, necesito esa información (junto con la de las conexiones posibles) para decidir si me bajo en “esta parada o en la siguiente”.  Esa clase de información tiene que estar primero y como mínimo en las paradas de buses, e idealmente en todos los mapas que estarían disponibles al usuario, incluyendo los mapas impresos y los mapas pegados en el interior del bus.  Me sirve de relativamente poco que esté en una página web, cuando como norma, cuando estoy en la calle utilizando el transporte público, no tengo acceso a ese medio.  Me sirve poco que me la manden por SMS, pues es, en general, información densa y con la cual no quiero lidiar en la pantalla de un celular.

En un bus necesito:

  • El número de ruta, en gigante y en alto, esto quiere decir, en la parte superior del bus, tanto al frente como atrás.  Y también en cada puerta, para darme cuenta a tiempo si me estoy subiendo al bus equivocado o no.
  • Mapas de la ruta del bus indicando cada parada por nombre y las conexiones disponibles en cada una

Además necesito que todos los buses sean del mismo color, pues el tuti-frutti propuesto funciona si en total tuviésemos dos o tres rutas, pero no para doscientas o trescientas.  El color me sirve para identificar eso como un medio de transporte público y no como el bus aleatorio con gringos en Avenida Segunda.  En un sistema de transporte público eficiente la clase de buses interurbanos que nosotros necesitamos (San José - Cartago, Heredia - Alajuela, etc) no entran sino solo hasta la periferia de las cuidades, entonces el problema que los colores resolverían no existe en primer lugar.  Yo entiendo que en Costa Rica la gente quisiera un único bus de la puerta de su casa a la puerta de su trabajo, pero eso ni va a pasar ni funciona.  Yo esperaría que alguien que tenga que viajar por ejemplo de San Francisco de Heredia al ITCR deba tomar al menos cinco buses,tomando en cuenta que esa ruta son más de treinta kilómetros.

Alternativamente, también tomando en cuenta la distancia, podría existir un bus de Heredia a Cartago, pero para que eso funcione se requieren cambios en otras áreas que no son solamente transporte público. Una buena alternativa para solucionar esta clase de problemas es un sistema de trenes que de verdad funcione.

En otras palabras: este problema necesita de soluciones más integrales que transciendan el fetiche tecnológico.

Arreglando el transporte público en Costa Rica

Sábado, Septiembre 26th, 2009

Rodolfo expone una idea interesante: un sistema unificado de pago de transporte público.  Pero me parece que se queda corto.

Primero, sí, estamos de acuerdo en que lo que tenemos no sirve, pero más allá del sistema de pago, no sirve porque el sistema desde su concepción está mal.  Estoy convencido que ningún ministro, ni viceministro, ni ningún otro “jerarca” del MOPT, ha puesto pie en un bus durante las últimas dos décadas, excepto claro, para sacarse la foto y posar para las cámaras, como doña Karla González lo hiciera hace un par de años.  Esto se fundamente en que basta usar el sistema de transporte público de Costa Rica durante un día para darse cuenta de forma inmediata de varios sus problemas:

  • Las rutas son redundantes. Debe haber al menos unas veinte líneas de buses que hacen exactamente el mismo recorrido de cinco kilómetros entre San José y San Pedro, y de esas deben ser por lo menos diez las que lo comparten llegando casi casi hasta el centro de Curridabat.
  • No hay información. A pesar de la existencia de esas veinte rutas, es imposible para un recién llegado encontrar rápida o fácilmente cómo llegar del centro de San José a la Universidad de Costa Rica, y ni que se diga de Curridabat a Pavas.
  • No hay identificación adecuada de los buses. “Tres Ríos por calle vieja”, “Zapote por el registro”, “Santa Ana por el alto” … perdón … ¿qué? Conectando con el punto anterior, de existir rutas adecuadamente documentadas, uno podría decir por donde pasan los buses 101, 230 y 314.
  • No hay horarios. La utopía sería poder decir que el bus va a pasar a las 11:36 por la parada de la iglesia de San Pedro, pero un buen comienzo sería “entre 11:30 y 11:40″.
  • Las tarifas no tienen sentido, que es más o menos por donde va la propuesta de Rodolfo.
  • Las unidades son inadecuadas. Esos ministros y viceministros que no utilizan el transporte público la tienen muy cómoda en autos de lujo (con chofer), entonces poco les importa el tema de la sobreutilización y la seguridad, pero esto tiene incidencia directa sobre los patrones de uso de los (no) usuarios.

La lista evidentemente no es exhaustiva y hay problemas para los cuales se necesita más de un día para poder percibirlos, lo cual es un buen indicio de que a los jerarcas de transportes no deberíamos darles ni vehículo ni chofer ni combustible ni nada de nada.

Respecto al punto específico del pago, yo defiendo la idea de no hacer el trabajo diez veces, entonces si se va a arreglar algo, debe arreglarse bien desde la primera vez.  Todos los detalles de la tarjeta y el micropago y los incentivos y el resto son un buen indicio que esa solución es excesivamente complicada.  Creo que Rodolfo olvida dos cosas: por un lado, la tecnología no es un fin sino un medio, y a pesar de que existen aplicaciones realmente buenas e interesantes de la misma, también existen aplicaciones horrorosamente mal encausadas; la segunda es que el Estado no existe para generar ganancias sino para organizar la vida en sociedad.  Con esto quiero decir que el hecho que existan cosas como las tarjetas “inteligentes” o pagos mediante SMS no quiere decir que tenemos que acomodar los problemas para que su solución sea el empleo de tales dispositivos.

En primer lugar, cualquier solución no puede eliminar la posibilidad de pagarle al chofer con dinero, pues no aceptable negarle el servicio a un usuario simplemente porque en un momento dado no posee un pedazo de plástico específico.  Alguien se verá tentando a decir que lo mismo aplica para exigir el pago con moneda o tratará de llevarlo al absurdo y decir que entonces no deberíamos cobrar.  El Estado no está para generar ganancias, pero tampoco para sostener pérdidas, y definitivamente estamos muy lejos del día en que el transporte público sea de alguna forma gratuito (que yo quisiera que llegue, bajo el entendido que se debe financiar de alguna forma).  A lo que si podemos aspirar es que el chofer responda por una cantidad mínima de dinero, de manera tal que asaltarlo deje de ser atractivo.

En segundo lugar, la solución más simple es no cobrar en el medio de transporte, es decir, eliminar cualquier tipo de fila a la hora de subir al bus causada directamente por el sistema de pago.  En Santiago de Chile, donde comparten nuestros problemas en esta materia, introdujeron un sistema basado en prepago con tarjetas inteligentes y todo el cuento, y la solución, en el mejor caso, fue una evolución del sistema, no una revolución.  Eliminaron el incentivo para asaltar al chofer y ofrecen descuentos si uno utiliza varios medios “en cadena”, pero con esto no resolvieron el problema de las filas, pues cada pasajero debe pasar frente al chofer y presentar la tarjeta ante el lector, que produce un sonido que indica al chofer que el pago fue efectuado.  Es claro que el problema con esta solución es que está centrada en cobrar — tal como las propuestas de Rodolfo — y no en mejorar el servicio.

En algunos países europeos tienen un sistema donde el cobro efectivamente no existe sino que manejan una suerte de “tarifa plana”: se paga una cantidad fija ya sea por mes, trimestre, semestre o año que va acorde al uso “típico” que uno haga del sistema.  Por ejemplo, si yo viajara todos los días entre San Pedro y Curridabat, eso posiblemente estaría dentro de la misma “zona” de pago y por tanto yo pagaría regularmente por el transporte dentro de una sola zona.  Si el viaje fuese entre San Pedro y Pavas, pagaría seguramente por dos o tres zonas.  Más allá de eso, no requieren por ejemplo presentar una tarjeta ante un lector, con lo cual no se hacen filas frente al aparato, y con esto todo el sistema funciona mejor.  Para los casos ocasionales en los cuales necesito viajes fuera de mi zona existen en los puntos con mayor flujo de usuarios máquinas expendedoras de tiquetes, que aceptan efectivo, tarjetas y diversas formas de micropago y en cualquier caso en todas las unidades de transporte existe la posibilidad de pagar el tiquete allí mismo.

Es claro que el tema de la tarifa en un esquema de esta clase es más complicado, pero tampoco es algo que un actuario no pueda resolver.  Además, ciertamente la idea de que el sistema sea nacional es sumamente atractiva, pero crea una serie de problemas propios particularmente cuando se amarra con el tema de los dispositivos de pago.  Si esto llega a representar un obstáculo para su implementación, yo preferiría poder ir a Liberia, comprar una cartoncito de uno, dos o tres días por ejemplo y olvidarme del asunto antes que tratar de poner de acuerdo a miles de empresas de transporte respecto a los detalles específicos de la remuneración.

El mayor obstáculo es obviamente cultural, pues al proponer esta idea la primera objección es “¿y qué pasa con los que se suben y no pagan?”  Bueno, ese exactamente es el problema cultural: los que toman decisiones se quedan trabados en ese detalle y se olvidan de resolver el problema real, pues no logran entender que el Estado no existe para generar ganancias y que no se tiene comportar como una empresa con accionistas.

¡Queremos más reglas!

Martes, Septiembre 22nd, 2009

Hans Monderman, ingeniero de tránsito holandés, descubrió que algunas veces, si uno remueve algunas de las reglas externas y la señalización y todas esas cosas, uno puede en efecto terminar con un entorno más seguro en el que las personas pueden funcionar y en el cual ellas son más humanas unas con las otras, pues se dan cuenta que tienen que asumir su responsabilidad por lo que hacen.

PS: El concepto se llama “espacio compartido” y me parece absolutamente fascinante, y sí, yo soy de los que abogan por tener menos reglas, no más. Encontré la historia gracias a Jonathan Zittrain, autor, entre otras cosas, del impresionante libro “The future of the Internet and how to stop it”.

¿Y el norte?

Viernes, Septiembre 18th, 2009

Cuando la Red Costarricense de Software Libre comenzó hace más de tres años hubo una sana y agradable discusión en torno al tema de si “Software Libre” ó “Software Libre y otras hierbas”.  La decisión derivada a partir de allí era que la organización tenía como objetivo la promoción del Software Libre en Costa Rica.  Eso marcó muchas de las decisiones que se tomaron de ahí en adelante.

Por ejemplo, cada año, para el Festival Latinoamericano de Instalación de Software Libre sale la pregunta de si Ubuntu o no, pues con Ubuntu, a pesar de que la aplastante mayoría del software que instala es libre, es cierto que para muchos usuarios es prácticamente inutilizable sin componentes privativos, que pueden ir desde drivers de video, pasando por drivers para dispositivos WiFi e impresoras y llegando hasta cosas como Adobe Flash y codecs de audio y video.  Y si Ubuntu no los instala, a veces la persona de la RCSL que realiza la instalación del equipo sí lo hace.  La posición “oficial”, si es que tal cosa existe, de la RCSL ha sido digamos “pragmática” en este sentido: si no se instala algo como un driver propietario de WiFi el usuario no tiene conectividad a la red y por tanto va a dejar de usar el software que sí es libre al día siguiente.  Entonces entre instalar solamente Software Libre y promover su utilización, optamos por lo segundo.

Sin embargo la discusión es recurrente.  A alguna gente esa discusión le molesta, pues sería mucho más fácil y cómodo no tenerla e instalar en principio cualquier cosa que parezca libre aunque no lo sea.  Alguna gente va incluso más allá y trata de desestimarla poniéndola al mismo nivel que el fundamentalismo religioso, tratando de esa forma de encontrar resonancia con esa fibra costarricense que dice que el medio es la mejor solución para todo.  Parte del problema está en que conforme más y más gente se va acercado a la RCSL, ese sentimiento resuena con más y más gente y en algún momento llegará el punto en que ese grupo sea mayoría, si no es que ya lo es.  Yo admito que siempre he sentido algo de envidia cuando veo a grupos como SOLAR y la Fundación Vía Libre (y que conste, ellos tienen sus problemas propios), pues dan la impresión de tener convicciones más claras (y acá hago la salvedad que conozco personalmente a algunas personas de esas organizaciones, entonces es difícil separar mi opinión de esas personas de mi opinión de esas organizaciones).

Este año para la celebración en Costa Rica del Software Freedom Day he venido notando un criterio más laxo que lo usual respecto a qué cosa es admisible y qué cosa no lo es.  Yo estoy claro — más claro que otros en cualquier caso — que el SFD no se trata de Software Libre, y por eso la primera vez que la RCSL participó en esto quemamos suficientes neuronas para encontrar una traducción apropiada para este nombre, pues “Día del Software Libre” no es correcta.  Al final decidimos que era “Día de la Libertad de Software” e incluso hicimos campaña para que se utilizara ese nombre en otros países iberoamericanos.  Pia Waugh explicaba hace dos años:

El Día de la Libertad de Software es una celebración y educación global de por qué las tecnologías transparentes y sostenibles son ahora más importantes que nunca.

Que no se trate de Software Libre no quiere decir que en el Día de la Libertad de Software sea apropiado promover programas privativos.  Por el contrario, en el SFD es más importante aún que en el FLISOL no recomendar siquiera la utilización de software propietario.  El SFD es un día de educación, un día en el que le decimos a la gente cuáles son las razones por las cuales esa posición “pragmática” que mencionaba antes es efectivamente un problema, un día en el que señalamos por qué cada pequeña concesión nos cuesta caro.  En el SFD no instalamos software, entonces no necesitamos hacer esas pequeñas concesiones pragmáticas.  En el SFD bien podemos dejar el fetichismo tecnológico de lado y dedicarlo a lo que algunos con sorna llaman “filosofía”.  Hace unos días le comentaba a la gente de la Fundación Omar Dengo el sentido de esta celebración y me miraban con ilusión al decir “¡qué maravilloso que alguien haga esto en Costa Rica!”

Para mañana la gente de la UCR ha trabajado mucho, ha montado un programa fantástico y se ha esmerado en darle publicidad a la actividad.  Queda en manos de cada uno de los muchos colaboradores darle a este día el sentido real que tiene y que esas pequeñas manchitas que van a estar presentes no opaquen el resto de la actividad.

Chile adopta ISDB-T

Martes, Septiembre 15th, 2009

Luego de muchos años de discusión — en Costa Rica no hemos ni siquiera comenzado — Chile anunció su decisión de adoptar el estándar ISDB-T para la transmisión terrestre de televisión de alta definición en ese país.  Es relevante pues de esta forma Chile se une a la tendencia establecida por el resto de países de América Latina, con la excepción de Colombia y México.

¿De qué se trata esto?

En Español “transimisión terrestre” quiere decir esas transmisiones en las que hay una antena de por medio y no un cable o un satélite.  Hay tres estándares para esto: ATSC (gringo), DVB-T (europeo) e ISDB-T (japonés).  Entre los tres, los únicos dos que pueden ser considerados seriamente son DVB-T e ISDB-T, pues ATSC tiene limitaciones inherentes que hacen que sea inusable para dispositivos móviles, es decir, si bien es posible tener un televisor con una antena y recibir televisión de alta definición usando ATSC, no es posible hacer lo mismo utilizando por ejemplo un teléfono celular.  La otra razón por la cual ATSC es poco atractivo es que solo puede transportar cuatro canales de definición estándar en un canal de alta definición, mientras que por ejemplo con ISDB-T se pueden transmitir ocho canales de definición estándar en un solo canal de alta definición lo cual quiere decir que el espectro electromagnético se puede utilizar de forma mucho más eficiente.

Entre DVB-T e ISDB-T hay también diferencias, quizás la más notable es su comportanmiento ante ruido electrónico, por ejemplo, cuando alguien está viendo televisión y otra persona prende la licuadora o la secadora de pelo en las cercanías.  El resumen es que DVB-T se ve visiblemente afectado e ISDB-T muy poco.  En el mismo sentido cuando hay interferencia en la transmisión, con DVB-T no es generalmente posible reconstruir la información, es decir, la imagen se ve interrumpida, mientras que con ISDB-T en general es posible reconstruir la información faltante y el resultado es muy cercano a la imagen original.  Para Costa Rica esta clase de cosa es importante en razón de nuestra geografía complicada, que propicia precisamente esta clase de errores de transmisión.

Más allá de esto, con ISDB-T se tiene la noción de transmisiones de emergencia, cosa que en Costa Rica es un bicho exótico que no conocemos, lo cual es raro si tomamos en cuenta nuestro clima.  Una transmisión de emergencia es simplemente una interrupción de la programación habitual con la finalidad de alertar a la población de una zona respecto a peligros inminentes, por ejemplo riesgo de inundaciones.  Esta interrupción no se produce desde la televisora sino desde un organismo habilitado, la Comisión Nacional de Emergencia en nuestro caso.  Y acá queda quizás más claro porqué es importante que estas tecnologías funcionen con dispositivos móviles: con ISDB-T es posible que una persona esté viendo televisión en su teléfono celular y que esa transmisión se vea interrumpida con un aviso de emergencia que es relevante para la zona donde la persona se encuentra.

¿Queremos nosotros en Costa Rica ISDB-T? En primer lugar queremos algo, pues no es posible tomar la vía típicamente costarricense y adoptar los tres estándares al mismo tiempo, pues todos operan más o menos en el mismo rango de frecuencias.  Esto implica legislación, pues existen incentivos económicos para adoptar cualquiera de las tres opciones y eso quiere decir que si se deja por la libre lo más probable es que terminemos con un menjurge mutuamente incompatible.  Además la elección debería realizarse tomando en cuenta intereses nacionales y no intereses particulares (por ejemplo, TELETICA ya tiene una inversión significativa en equipo que opera con uno de los tres estándares) y eso solo puede ocurrir en un espacio con representatividad adecuada de todas las partes como se supone que es la Asamblea Legislativa.

Admitiendo que la elección es necesaria, hay que elejir algo.  Por las razones expuestas anteriormente ATSC no debería ni siquiera estar en la lista de opciones, pero hay gente en este país que aboga en su favor, mayormente aduciendo que estamos más cerca de EE.UU. y que por tanto el equipo del usuario es más barato.  Si uno le presta atención a las economías de escala, esa debería ser una razón en contra y no una razón a favor, pues hay no solo más habitantes en regiones que ya usan DVB-T que ATSC sino que hay más dispositivos instalados que utilizan DVB-T.  De la misma forma, hay más habitantes en regiones que adoptaron ISDB-T que en regiones que adoptaron ATSC, aunque el número de dipositivos fijos que usan la última es mayor.  Sin embargo, si uno combina dispositivos fijos y móviles ISDB-T está a la cabeza de las tres opciones.  Adicionalmente Brasil es uno de los mayores productores mundiales de receptores y la lógica dice que nos debería resultar más favorable comprar esta clase de aparatos en Brasil que en EE.UU.

Está todo puesto para tomar una decisión, lástima que el tema no está ni siquiera en el radar ni del gobierno ni de los candidatos.

Actualización: Rodolfo da su opinión en el asunto y entre otras cosas señala que el prefiere ATSC porque su aparato receptor ya tiene un decodificador para esa clase de señal, subrayando además que la mayoría de usuarios en Costa Rica no tienen idea qué cosa tienen, si es que la tienen.  Ese es parte del problema: tenemos tiendas vendiendo cosas que nadie sabe si van a funcionar a futuro o no.

La memoria

Viernes, Septiembre 11th, 2009

Hoy es el aniversario del golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende en Chile en 1973, que fue la puerta de entrada para una de las dictaduras más sangrientas que tenemos en la historia de América Latina.  Cada país ha lidiado con las consecuencias de sus dictadoras a su propio modo.  Chile hoy es un país que todavía se encuentra dividido por este tema, con un grupo que sufrió enormemente a causa de esto y otro que defiende las acciones tomadas como “sacrificios necesarios” para que el país progresara (si les suena de alguna forma familiar con la Costa Rica del siglo XXI es pura casualidad).  A diferencia de otros países latinoamericanos el tema de la memoria se trata de una forma muchísimo más institucional, quizás porque este año también se cumplen 20 años de gobiernos democráticamente electos, todos de la llamada “Concertación” — escencialmente la agrupación de fuerzas opositoras a la dictadura.  Además de la reconstrucción del país la Concertación ha procurado construir también espacios para la memoria, bajo la consigna de “nunca más”.  Por eso no resulta sorprendente escuchar a la Presidenta Bachelet decir que luego de 36 años ya es hora que dentro de La Moneda se vuelvan a escuchar las palabras “¡viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!”

Somos unos tontillos

Lunes, Septiembre 7th, 2009

Don Óscar — sí, ese don Óscar — recientemente le dijo a La República:

LR: A nueve meses para que deje la Presidencia, ¿puede decir qué sacrificó al volver a gobernar?

OAS: Sacrifiqué una vida académica muy linda que me permitió viajar por las mejores universidades europeas, asiáticas y gringas dando clases, conferencias y me pagaban algún dinero. Eso me gustaba mucho porque estaba con gente inteligente todo el tiempo. Sacrifiqué eso porque Liberación iba a volver a perder, así de simple.

Ignorando los desvaríos mesiánicos de la declaración, la conclusión lógica es que en Costa Rica durante estos cuatro años de sacrificio don Óscar no ha estado con gente inteligente todo el tiempo, o sea, nos considera un tropel de tontos…

Eso es pa’que vean, tontos somos y por tontos tenemos el gobierno que tenemos.

No puedo negar…

Lunes, Septiembre 7th, 2009

… que estoy contento, pero 74% sigue siendo demasiado.