Hans Monderman, ingeniero de tránsito holandés, descubrió que algunas veces, si uno remueve algunas de las reglas externas y la señalización y todas esas cosas, uno puede en efecto terminar con un entorno más seguro en el que las personas pueden funcionar y en el cual ellas son más humanas unas con las otras, pues se dan cuenta que tienen que asumir su responsabilidad por lo que hacen.
PS: El concepto se llama “espacio compartido” y me parece absolutamente fascinante, y sí, yo soy de los que abogan por tener menos reglas, no más. Encontré la historia gracias a Jonathan Zittrain, autor, entre otras cosas, del impresionante libro “The future of the Internet and how to stop it”.

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