Cuando la Red Costarricense de Software Libre comenzó hace más de tres años hubo una sana y agradable discusión en torno al tema de si “Software Libre” ó “Software Libre y otras hierbas”. La decisión derivada a partir de allí era que la organización tenía como objetivo la promoción del Software Libre en Costa Rica. Eso marcó muchas de las decisiones que se tomaron de ahí en adelante.
Por ejemplo, cada año, para el Festival Latinoamericano de Instalación de Software Libre sale la pregunta de si Ubuntu o no, pues con Ubuntu, a pesar de que la aplastante mayoría del software que instala es libre, es cierto que para muchos usuarios es prácticamente inutilizable sin componentes privativos, que pueden ir desde drivers de video, pasando por drivers para dispositivos WiFi e impresoras y llegando hasta cosas como Adobe Flash y codecs de audio y video. Y si Ubuntu no los instala, a veces la persona de la RCSL que realiza la instalación del equipo sí lo hace. La posición “oficial”, si es que tal cosa existe, de la RCSL ha sido digamos “pragmática” en este sentido: si no se instala algo como un driver propietario de WiFi el usuario no tiene conectividad a la red y por tanto va a dejar de usar el software que sí es libre al día siguiente. Entonces entre instalar solamente Software Libre y promover su utilización, optamos por lo segundo.
Sin embargo la discusión es recurrente. A alguna gente esa discusión le molesta, pues sería mucho más fácil y cómodo no tenerla e instalar en principio cualquier cosa que parezca libre aunque no lo sea. Alguna gente va incluso más allá y trata de desestimarla poniéndola al mismo nivel que el fundamentalismo religioso, tratando de esa forma de encontrar resonancia con esa fibra costarricense que dice que el medio es la mejor solución para todo. Parte del problema está en que conforme más y más gente se va acercado a la RCSL, ese sentimiento resuena con más y más gente y en algún momento llegará el punto en que ese grupo sea mayoría, si no es que ya lo es. Yo admito que siempre he sentido algo de envidia cuando veo a grupos como SOLAR y la Fundación Vía Libre (y que conste, ellos tienen sus problemas propios), pues dan la impresión de tener convicciones más claras (y acá hago la salvedad que conozco personalmente a algunas personas de esas organizaciones, entonces es difícil separar mi opinión de esas personas de mi opinión de esas organizaciones).
Este año para la celebración en Costa Rica del Software Freedom Day he venido notando un criterio más laxo que lo usual respecto a qué cosa es admisible y qué cosa no lo es. Yo estoy claro — más claro que otros en cualquier caso — que el SFD no se trata de Software Libre, y por eso la primera vez que la RCSL participó en esto quemamos suficientes neuronas para encontrar una traducción apropiada para este nombre, pues “Día del Software Libre” no es correcta. Al final decidimos que era “Día de la Libertad de Software” e incluso hicimos campaña para que se utilizara ese nombre en otros países iberoamericanos. Pia Waugh explicaba hace dos años:
El Día de la Libertad de Software es una celebración y educación global de por qué las tecnologías transparentes y sostenibles son ahora más importantes que nunca.
Que no se trate de Software Libre no quiere decir que en el Día de la Libertad de Software sea apropiado promover programas privativos. Por el contrario, en el SFD es más importante aún que en el FLISOL no recomendar siquiera la utilización de software propietario. El SFD es un día de educación, un día en el que le decimos a la gente cuáles son las razones por las cuales esa posición “pragmática” que mencionaba antes es efectivamente un problema, un día en el que señalamos por qué cada pequeña concesión nos cuesta caro. En el SFD no instalamos software, entonces no necesitamos hacer esas pequeñas concesiones pragmáticas. En el SFD bien podemos dejar el fetichismo tecnológico de lado y dedicarlo a lo que algunos con sorna llaman “filosofía”. Hace unos días le comentaba a la gente de la Fundación Omar Dengo el sentido de esta celebración y me miraban con ilusión al decir “¡qué maravilloso que alguien haga esto en Costa Rica!”
Para mañana la gente de la UCR ha trabajado mucho, ha montado un programa fantástico y se ha esmerado en darle publicidad a la actividad. Queda en manos de cada uno de los muchos colaboradores darle a este día el sentido real que tiene y que esas pequeñas manchitas que van a estar presentes no opaquen el resto de la actividad.
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