El término “neutralidad tecnológica” fue acuñado por la Comunidad Europea en el contexto de la regulación de telecomunicaciones y lo definió como “ni imponer ni discriminar en favor del uso de un tipo particular de tecnología sino asegurar que el mismo servicio sea regulado en forma equivalente, irrespectivamente del medio por el cual sea entregado”. El texto citado se refiere por ejemplo a la posibilidad de entregar señales digitales de televisión ya sea por medio de Internet o por medio de televisión de alta definición. Este principio, en ese contexto, tiene mucho sentido, pues busca proteger al consumidor de verse sometido a tarifas o restricciones arbitrarias que se justifican solo en función del medio utilizado, cosa que hoy en día ocurre con mucha frecuencia, por ejemplo, cuando uno nota que un disco compacto con música no tiene restricciones ni de calidad ni de aparatos reproductores, pero la misma composición obtenida de una tienda en Internet es de inferior calidad y no se puede mover entre aparatos reproductores.
Volviendo a la definición de la Comunidad Europea, nótese como se centra en la regulación. Acá en Costa Rica hay sin embargo quienes citan un supuesto “principio de neutralidad tecnológica” para argumentar en contra (¡y más recientemente a favor!) del uso del Software Libre en el Estado costarricense. Para ello ignoran completamente el tema regulatorio y se limitan a la primera parte: “ni imponer ni discriminar en favor del uso de un tipo particular de tecnología” y proceden a alegar que el Software Libre es una tecnología. Esto no puede estar más equivocado. El concepto de Software Libre es un modelo de desarrollo y distribución, no tiene que ver con “tipos particulares de tecnología”. La prueba de esto está en que yo podría tomar un programa libre de mi autoría, cambiarle la licencia a algo más restrictivo, y la tecnlogía, es decir, la aplicación de conocimiento científico, se mantendría intacta. Y a la inversa también funciona: puedo tomar algo restrictivo, hacerlo libre y la tecnología no cambia un ápice.
Creo yo que la confusión proviene en parte del fetiche que tenemos con la tecnología, o con la idea de tecnología. Mucha gente cree que esa cosa que llama “tecnología” en efecto resuelve problemas, y de ahí escuchamos frases como “esta tecnología resolverá” cuando lo que quieren decir es “si se nos ocurre una forma de aplicar esta herramienta a este problema, podremos resolver esta parte”. Le asignamos a la “tecnlogía” cualidades que no tienen. Cuando Clarke en su tercera ley decía “cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia” se refería a que si no sabemos explicar cómo o por qué funciona algo, los seres humanos le asignamos cualidades mágicas. Y hoy en nuestra sociedad pasa eso: tenemos tantas aplicaciones que requieren un nivel de conocimiento no solo relativamente elaborado sino también bastante especializado para ser comprendidas que la enorme mayoría de nosotros simplemente las tratamos con si fuesen inexplicables, es decir, las tratamos como magia. E, inválidamente, aplicamos la tercera ley de Clarke a la inversa: como es mágico, entonces debe ser “tecnología”. Y así pasamos del concepto de tecnología como “ciencia aplicada” a “nuestra colección de chunches“.
Por favor dejen de meter al Software Libre en la discusión de la “neutralidad tecnológica”: ni el concepto que están usando está bien ni el Software Libre es tecnología.
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