Quien lleve algún tiempo leyendo este blog sabe que nuestro sistema de elección de diputados no es algo a lo que yo le tenga aprecio, por decir lo menos. Desde mi punto de vista, su principal problema es la sobrerepresentación a la que conduce en unos casos y la consecuente subrepresentación en otros. No tengo problema alguno con la idea de que el partido que obtiene la mitad de los votos obtenga la mitad de la representación legislativa, algo que aunque suene obvio, no necesariamente ocurre por ejemplo en Chile. Con lo que si tengo problemas es con el hecho que solo el 50% de los votos me pueden conseguir el 75% de la representación, cosa que ocurre en nuestro sistema.
Esta semana la discusión en torno a la formación de una alianza electoral entre el PAC, Acción Patriótica, Integración Nacional y el Frente Amplio llamó mi atención, entre otras razones porque me recordó un cálculo que había hecho hace un tiempo. En la elección del 2006 participaron nada menos que 27 partidos políticos buscando puestos en la Asamblea Legislativa. El hecho que solo un tercio de esos partidos lograron puestos es un excelente indicio de que esa estrategia no funciona particularmente bien. Más importante que eso: hubo más o menos un cuarto de millón de votos que fueron para esos partidos que no lograron representación.
Un cuarto de millón de costarricenses no vieron su preferencia política directamente representada en la Asamblea Legislativa.
Eso es más o menos el 15% de los votos válidamente emitidos. Es decir, un montón. Si las cosas fuesen estrictamente proporcionales, eso representa casi ocho diputados.
¿Qué hubiese pasado si la mayoría de esos partidos se hubiesen aglutinado en una coalición junto al PAC y el Frente Amplio?
Hubiese pasado que entre todos ellos hubiesen obtenido 22 diputados, es decir, cuatro más que los que el Frente Amplio y el PAC obtuvieron juntos. Más importante quizás, Liberación Nacional hubiese obtenido solo 22 diputados y no 25, y el PUSC hubiese sacado cuatro diputados y no cinco. Y eso hubiese cambiado la historia, pues en nuestra Asamblea Legislativa, cualquier partido político con 20 o más diputados, manda. En ese escenario …
… los magistrados de la sala cuarta hubiesen sido otros …
… el contralor hubiese sido otro …
… el defensor de los habitantes hubiese sido otro …
… las leyes de implementación del CAFTA hubiesen sido otras …
A pesar de que la actual discusión en torno a una alianza presidencial pareciera necia, no lo es tanto. En la elección pasada, el 15% de los votos del PAC fueron “prestados” y por tanto, a pesar de que una alianza entre el PAC, el Frente Amplio, Integración Nacional y Alianza Patriótica suena inútil, los números de la elección legislativa muestran que este no es necesariamente el caso, pues podrían representar un 15% de los votantes, suficiente para desplazar al Movimiento Libertario del segundo lugar. Más preocupante aún para Liberación Nacional es el hecho que si suficiente gente decide salir a votar arriesgan una segunda vuelta, pues la elección de la candidata depende en igual medida de sus propios votantes como de quienes no voten del todo, y en las actuales condiciones eso es tierra de nadie. Todo esto es por supuesto pura especulación.
Lo que es cierto es que con la cantidad de partidos políticos compitiendo por puestos en la Asamblea Legislativa se garantizan dos cosas: primero, menos diputados para ellos mismos y segundo, más diputados para, posiblemente, Liberación Nacional, el Movimiento Libertario y Acción Cuidadana.
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Así es, nuestro sistema de asignación de plazas para diputados lleva al sinsentido de que en algunos casos incluso puede ser más beneficioso para un partido tener algunos votos menos que tener la mayor cantidad de votos posible, pues en ciertos escenarios eso le puede llegar a significar una plaza más…
Pero bueno, por lo pronto es el sistema con el que nos toca lidiar y no creo qua haya mayor voluntad política por modificarlo, menos si eso significa aumentaar la representatividad de otros grupos y poner en riesgo la de los grupos mayoritarios.
Totalmente de acuerdo: ese es el sistema con el que nos toca lidiar.
Pero estamos demostrando que somos extraordinariamente malos lidiando con ese sistema.
El Código Electoral es sumamente flexible respecto a lo que una coalición electoral puede hacer, pero insistimos una y otra y otra vez en creer que solos se puede hacer algo.