¿Hay o no hay cambio climático?
Lunes, Diciembre 21st, 2009En general desconfío de los maestros que aspiran a diputados por una razón simple: tienen una motivación económica significativamente distinta de la de otros profesionales, pues goza(ba)n de un régimen especial de pensiones que les permite retirarse de la labor legislativa con una compensación mucho mejor de la que hubiesen tenido previo a ese hecho. No creo que aspirar a tener una mejor situación económica sea malo, pero si me parece que tratar de lograrlo utilizando portillos legales y fondos públicos es, en el mejor caso, cuestionable.
Por la misma razón desconfío de los economistas y MBAs que divulgan propaganda en contra del fenómeno de cambio climático, pues es evidente que sus motivaciones no son, como dicen, la verdad, la justicia y la libertad para las personas, sino algo más simple: mejorar su propia situación económica, y esto a costa de las condiciones de vida de — literalmente — todas las demás personas en el planeta.
Independientemente de los orígenes del cambio climático hay algo que es irrefutable: si la tendencia continúa, el nivel del mar subirá significativamente, convirtiendo a la enorme mayoría de las zonas costeras de la Tierra en regiones inhabitables, en virtud de quedar estas bajo el agua. Para nosotros en Costa Rica esto quiere decir por ejemplo que toda la población de la cuidad de Puntarenas se verá desplazada, un par de decenas de miles, nada más. Y ese en sí no es el problema, sino más bien ¿dónde vamos a colocar a todas esas personas y de qué van a vivir? La CEPAL dice que este chiste requeriría que Centroamérica destinase el 70% de su producto interno bruto a atender la emergencia resultante.
Si tan solo fuera tan sencillo…
El asunto se complica cuando los mentados economistas y MBAs se dan cuenta que esto es simplemente un posible escenario. Es posible — no probable, solo posible, en el mismo sentido que es posible ganarse 20 millones de colones invirtiendo solo mil en un pedacito de lotería navideña — que las cosas se arreglen solas, que el nivel del mar no suba y que nadie tenga que reubicar ni a la cuidad de Puntarenas ni a ninguna otra cuidad costera del mundo y que Centroamérica siga gastando su PIB en lo que sea que lo hace hoy en día…
Para terminar de complicar aún más las cosas: como arreglar el desastre es relativamente caro, pero más importante, hace que los susodichos economistas y MBAs ganen menos dinero, pues implica que limpien buena parte de la inmundicia que son sus negocios y su forma de vida, entonces la enorme mayoría de ellos han optado por hacerse la ilusión de que esa remota probabilidad de que no pase nada sea más bien algo muy probable y simplemente meten la cabeza en la tierra y hacen como que aquí no ha pasado nada, ignorando la evidencia.
Para esta gente, las recientes noticias, respecto a que un grupo de científicos que apoyan las teorías de calentamiento global parecen no haber sido totalmente honestos con sus resultados, fueron como navidad en julio. Tanto así que han designado al incidente como “climategate”, tratando de conectarlo en el inconsciente colectivo con el escándalo de Watergate. Y acá el inconsciente colectivo de los estadounidenses es de particular importancia, pues no son solo la nación que más contribuye al calentamiento global, sino que Obama se perfilaba como uno de los que estaban más dispuestos a hacer algo al respecto. Pero eso era en el pasado. Ahora, con el incidente mencionado, la disposición de la cuidadanía para resolver el problema es cada vez más baja. Y eso se reflejó en el agua tibia que salió de Copenague la semana pasada.
¿Se ha enfriado repentimanete la Tierra? No.
¿Ha aumentado súbitamente el hielo polar? No.
¿Se ha contraído de pronto el agujero en la capa de ozono? No.
¿Ha disminuído vertiginosamente la concentración de gases de efecto invernadero? No.
El planeta continúa calentándose… y lo sigue haciendo por las mismas razones que hace un año… antes del incidente.
¿Entonces qué es lo que hace que este incidente tenga tal efecto? Una maquinaria de propaganda con un gran poder económico y enorme acceso a los medios de comunicación masiva. En mercadotecnica existe un principio básico: si se repite una mentira suficientes veces, la gente se la cree y se hace realidad — aunque sea solo en la cabeza de las personas. Esta propaganda ha subrayado algunas cosas en el material que salió a la luz pública mediante este incidente, tales como el uso de la palabra “truco” para referirse a una manera particular de resolver un problema matemático.
Desde la primera vez que lo escuché en el colegio me produjo repulsión: “hay un truco para simplificar esta ecuación”, “hay un truco para calcular esta integral”, “hay un truco para resolver este problema”. Esas son todas cosas que escuché muchas veces como estudiante y que procuro no decir nunca como profesor o profesional. En Matemática no hay trucos, la Matemática no es magia. Pero la palabra truco para referirse a una forma ingeniosa de hacer algo está muy enrraizada en el medio. Y obviamente cuando el público general, que ni entiende ni le importa la Matemática más allá de sumas y restas, escucha frases como esas, lo que entiende es que lo están engañando.
La propaganda también se ha centrado en el hecho que los científicos involucrados, entre ellos, comentaban — ¡y dudaban! — de la calidad editorial de algunas de las revistas donde se publican los resultados de las áreas de investigación relevantes. Lo que el público general no entiende es que esto es algo que todos los científicos hacen: las revistas que publican mi trabajo son buenas y las que no lo aceptan son malas. Después de todo, los científicos son también personas. Pero más allá de eso: es la labor obligación de todo científico dudar de los resultados de otros.
Sin embargo, lo que la propaganda no dice es que los científicos en cuestión son una pequeña parte de los que han trabajo sobre este tema, y sus resultados, que sí, han sido citados directamente por una multitud de organismos internacionales para referirse a este tema, no son los únicos disponibles. Los otros resultados, los de otros científicos, los que no están involucrados en el escándalo, apuntan en la misma dirección: la Tierra se está calentando.
Esos datos están disponibles crudos para el que quiera revisarlos. Vamos, adelante, puedo esperar sentado… Si son capaces de criticar con tanta agudeza y de utilizar los datos (los de los científicos cuestionados, nada menos) para decir que no es cierto, que el clima no está cambiando y que no hay ningún calentamiento global, entonces supongo que también son capaces de revisar y reducir los datos y demostrar a partir de ellos que hay una conspiración global para hacer creer al público lo que ya de por sí cada uno puede comprobar todos los días en el patio de su casa: que la Tierra… se está… calentando.