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El valor de un premio

Viernes, Octubre 9th, 2009

Hoy a las 6 am leí “le dieron el premio Nobel de la paz a Obama”.  Pensé que había leído mal.  Un par de horas después volví a leer y seguía diciendo lo mismo: “le dieron el premio Nobel de la paz a Obama”.

Acá tengo sentimientos encontrados.  Por un lado yo creo que Obama efectivamente hará cosas que lo harán merecedor de ese premio, pero creo que no las ha hecho aún, a lo más que ha llegado es a prometer que las hará.  Por otra parte no puedo olvidar que hoy todavía existen dudas razonables respecto al grado en el cual el Pentágono, que responde y actúa bajo las órdenes de Obama, está involucrado en el golpe militar en Honduras.

Y esto último hace recordar de una forma demasiado directa el mismo premio otorgado en 1973 a Henry Kissinger junto con Led Duc Tho por su participación en las conversaciones de paz en Vietnam.  Hay que recordar que la guerra no finalizó sino hasta 1975, cuando Saigón fue capturada por el Vietcong y el ejército estadounidense se vió forzado a abandonar la ciudad.  Precisamente porque las conversaciones de paz no acabaron con la guerra Led Duc Tho no aceptó el premio, aunque Kissinger si lo hizo.  Las conversaciones no representaron el fin de la guerra, solo la promesa del fin.  Lo que devalúa más esa condecoración es que existen fuertes sospechas que Kissinger, ese mismo año y desde su posición de Secretario de Estado de Nixon, había apoyado financieramente a diversos sectores de la derecha chilena a fin de lograr el derrocamiento del presidente Salvador Allende.  Y se sospecha lo mismo con respecto Uruguay y Argentina.  En el 2001 un juez francés emitió una orden para que Kissinger, que se encontraba en París, se presentara a declarar.  Quería interrogarlo respecto a su rol en la Operación Cóndor.  Kissinger sin embargo escapó esa misma noche hacia Estados Unidos.  En 2003 Baltasar Garzón solicitó a Interpol que Kissinger fuese detenido para interrogatorio mientras se encontraba en Inglaterra, pero la policía ignoró la solicitud.  Durante la administración Bush, Kissinger sirvió de asesor en lo relacionado con la guerra en Iraq.  Cuando uno pone todo esto junto, cae una duda razonable sobre el sentido o el valor del premio Nobel de la paz.

Por supuesto no estoy comparando a Obama con Kissinger, solo estoy cuestionando el premio que ahora tienen en común.

Creo que Obama es honesto cuando propone reducir el arsenal nuclear.  Pero no lo ha hecho.  Creo que es honesto cuando dice que quiere cerrar Guantánamo.  Pero no lo ha hecho.  Creo que es honesto cuando dice que quiere lograr la paz en Iraq, Palestina, Israel y Afganistán.  Pero no lo ha hecho.  Lo que Obama sí ha hecho es mejorar la percepción que el mundo tiene de la política exterior estadounidense. ¿Pero eso vale un premio Nobel de la paz?  Más que un reconocimiento a su labor, un “así nos gusta, siga por ese camino”, lo que este condecoración está haciendo es devaluar el valor del premio.

De los mitos

Lunes, Junio 8th, 2009

En el colegio tuve la buena fortuna de tener varios profesores muy buenos, no en el sentido que muchos dicen “qué buen profe” (”es fácil pasar”) sino “qué buen profesor” (”me facilita el aprendizaje”), y de alguno de ellos aprendí que existe algo que se llama “mito”.  Contrario al uso común, un “mito” no es algo falso, de hecho es algo cierto, y normalmente se refiere a una narración tradicional de carácter sagrado.  De “mito” surge la palabra “mitología” y en nuestra cultura la más sonada es posiblemente la “mitología griega”, esa donde los dioses viven allá arriba en una montaña, se convierten en toros y dejan embarazadas a mujeres desprevenidas.  Posiblemente por eso pensamos que “mito” quiere decir “algo que no es cierto” y en algunos contextos incluso se le endilga una carga peyorativa para producir “algo absurdo”.

Siempre he tenido curiosidad por diversos aspectos de la tradición judaica pero al mismo tiempo no tengo paciencia para recordar la genealogía de la misma, entonces normalmente olvido que — sobresimplificando — el cristianismo y el judaísmo son en su origen la misma cosa.  Una consecuencia directa de eso es que no siempre recuerdo (si es que alguna vez lo he sabido) qué es la Torá

El fin de semana, durante el almuerzo, por alguna razón, que ni viene al caso ni voy a intentar realmente recordar, pregunté casualmente “¿cuál es el mito de la Torá?”  Mi pregunta fue recibida con poco agrado y creo que hasta algo de disgusto, pues en lugar de la respuesta que esperaba lo que escuché a continuación fue “¡la Torá no es ningún mito!” Pedí las disculpas del caso y procedí a aclarar qué era lo que estaba preguntando, y seguidamente me explicaron que la Torá consta de los primeros cinco libros del Viejo Testamento, lo que los cristianos llaman el Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio), el conjunto de libros que escribió Moisés.

Pero igual no es exactamente la respuesta que andaba buscando… yo quería saber cuál es la historia que se cuenta respecto al origen de la Torá.  Leyendo resulta ser algo interesante.  El mito dice que la Torá fue creada, no escrita, antes de la creación del mundo y se utilizó para “construir” el mundo de la forma que ahí decía.  Posteriormente este texto fue revelado a Moisés en el Monte Sinaí, hace más de tres mil años, pero no necesariamente narra los hechos en el orden en que ocurrieron.  Un detalle curioso es que una escuela judaíca sostiene que Dios reveló a Moisés el texto completo de la Torá, incluída su muerte y los hechos posteriores.  Los académicos dan una versión diferente respecto al origen del texto y creen que la Torá es una compilación — o lo que nosotros normalmente llamamos antología — de textos independientes escritos originalmente en diversos momentos históricos, de hace más o menos dos mil quinientos años, lo cual explica por qué un texto que se dice transcrito por Moisés contiene información posterior a su muerte.  Los cristianos por su lado incorporaron la Torá al Viejo Testamento y creen que es una narración sin errores de la historia temprana del pueblo israelita.  Mas interesante aún, en la tradición islámica, la Torá es una revelación auténtica de la palabra de Dios que fue corrompida por los hombres.

Entendiendo la posición central que ocupa la Torá en el judaísmo, lo que yo quería saber era la función del texto, no desde el punto de vista de lo que dice sino de cuáles son los modelos de comportamiento que busca reforzar, por eso mi elección de palabra “mito”.  Un mito tiene como función por un lado darle sustento a las estructuras sociales y las instituciones, normalmente estableciendo que tienen un origen divino, y por otra parte proveen a la gente de una “experiencia religiosa” o más exactamente una “experiencia mística”, que se consigue “actuando” el mito como una forma de acercase a lo divino.  Ambas cosas se pueden ver fácilmente en el caso de la Torá, particularmente si se observa la labor titánica que sigifica crear una copia.  Contrario al Viejo Testamento, que al transcribirse sufrió mutaciones, la Torá se reproduce en forma exacta, “hasta el último punto y la última coma”.  Una Torá contiene exactamente 304805 letras y existen reglas estrictas respecto a la forma en la que se escribe.  A un escriba le toma alrededor de año y medio crear un nuevo rollo.

Por último hay otra cosa en torno a mi uso de la palabra mito que tiene que ver con algo que me comenzó a incomodar cuando todavía era muy joven: si todas las religiones se contradicen unas a otras en una forma u otra, ¿cómo es posible que todas sean ciertas?  Ahí la otra componente de un mito: es cierto, pero es cierto en un contexto cultural específico.  Esa es una forma más elegante de decir que muy pocas cosas pueden ser absolutamente ciertas y más bien la enorme mayoría son relativamente ciertas, es decir, son verdad cuando se ubican en determinado contexto.  Así por ejemplo, la creación de la Torá y su contenido son ciertos en el contexto de la tradición judaica.  Lo cual no quiere decir ni remotamente que yo crea que la Torá existió antes de que se creara el mundo, o para el caso, el Universo.

“Strong preference for Obama”

Domingo, Noviembre 9th, 2008

Leyendo un libro de Malcolm Gladwell, Blink, encontré la dirección un sitio web donde uno puede hacer tests de asociaciones implícitas.

La idea es que operamos en dos niveles: un nivel consciente, con el que describimos nuestras preferencias, lo que escojemos creer, y otro nivel inconsciente, uno donde no seleccionamos nuestras prefrencias, sino que realizamos asociaciones implícitas inconscientes entre conceptos. En el nivel explícito diríamos por ejemplo que todas las razas son iguales, mientras que en el nivel inconsciente manejamos la noción por ejemplo de que hay más delincuentes de raza negra, es decir, asociamos a los negros con delincuentes.

Tienen un test de esta naturaleza para tratar de discernir si la gente prefiere implícita y automáticamente a Obama o a McCain. Tratan de discernir en particular si hay correlación entre la preferencia automática por gente blanca o negra y los candidatos. En mi caso el resultado fue:

Your data suggest no difference in your automatic
preferences for White people vs. Black people

Your data suggests a strong automatic preference for Barack Obama over John McCain

Sus datos no sugieren diferencia en sus preferencias automáticas por la gente blanca vs la gente negra. Sus datos sugieren una preerencia automática fuerte por Barack Obama sobre John McCain. Coincide con el nivel consciente :-)

Apelar a la autoridad

Martes, Septiembre 30th, 2008

“Apelar a la autoridad” es una falacia muy empleada en nuestro medio. Consiste en primero reconocer que una persona es una autoridad en un tema determinado; luego esta persona realiza una afirmación respecto a ese tema y por tanto concluir que dicha afirmación es cierta.

Nótese que en ningua parte se discute o cuestiona la validez de la afirmación, simplemente se da por cierta en función de que la persona que la realiza es, supuestamente, una autoridad en el tema.

Es una falacia simple, pero difícil de reconocer, puesto que existen condiciones bajo las cuales la conclusión es correcta. Se da cuando la afirmación se sale de su área de experticia o cuando la persona realiza una afirmación dentro de su área de experticia, pero resulta que los expertos del área se encuentran en desacuerdo sobre ese tema específico.

En nuestro medio es impresionante ver esta forma de falacia en funcionamiento, porque la llevamos a extremos realmente poco saludables. La forma más común es la titulitis: basta zangolotear frente al propio nombre algo como Lic, MSc o Dr y listo, lo que diga la persona en cuestión es santa palabra. La mayor parte del tiempo ni nos molestamos en pensar si lo que tenemos es a un Economista hablando de Derecho Constitucional o un Ingeniero diciéndonos como realizar una operación a corazón abierto, pues nos basta con que sean másters en economía y licenciados en ingeniería.

La otra forma común es más llamativa: tenemos a un verdadero experto en un tema, pero que tiene intereses creados en torno a un asunto específico. De esto hemos visto un montón recientemente, pues los medios se han hecho de la vista gorda de ese “detalle”.

Una sutil: el área en la que alguien dice ser experto, no es un área en la que sea posible tener experticia, falta decir, todos los psíquicos que salen todos los días en el periódico.

Y la última es mi favorita: “los expertos dicen”, “la ciencia dice”, “los investigadores dicen”, pero no se dice quienes son ni los expertos, ni los científicos, ni los investigadores. Esta en particular se escucha con una frecuencia preocupante en los noticieros y en general en la televisión. La próxima vez que oiga que “la ciencia dice”, busque una segunda opinión antes de comenzar a engullir pastillas, pues esto es una buena señal de que está viendo a uno de estos bien calificados “expertos”.

“You don’t know me”

Martes, Abril 22nd, 2008

En “Uncertain principles” Chad Orzel explica por enésima vez por qué importa un rábano si la gente utiliza su nombre verdadero o no en Internet: You don’t know me.

¡La U construye!

Martes, Febrero 5th, 2008

Me llegó lo que sigue… (perdón por la forma barbárica de escribir los números, pero así venía)

La Rectoría informa: La Contraloría General de la República con el Oficio No. DCA-0323 del pasado 30 de enero 2008, autorizó el refrendo al: “Contrato de fideicomiso de titularización entre la Universidad de Costa Rica y el Banco Nacional.”

Lo anterior, le permitirá a la Universidad realizar las siguientes obras:

  1. Construcción del Edificio de la Facultad de Ciencias Sociales,
    32.792.30 m2
  2. 2. Construcción de las Torres de la Facultad de Ingeniería,
    26.891 m2
  3. 3. Remodelación del Edificio de la Facultad de Derecho, 2.831.5
    m2
  4. 4. Construcción de Edificio Multicultural (”Ciudad de la
    Cultura”), 7.896.27 m2
  5. 5. Construcción del Edificio de Clínicas de la Facultad de
    Odontología, 4.234.50 m2
  6. 6. Construcción del Edificio para el Paraninfo, el Sistema de
    Estudios de Posgrado y la Vicerrectoría de Investigación, 4.321.
    m2
  7. 7. Construcción de la Biblioteca para la Facultad de Ciencias
    Agroalimentarias, 2.178.74 m2
  8. 8. Construcción de Residencias de Estudiantes en la Sede
    Regional de Limón, 2.981 m2
  9. 9. Construcción de Residencias de Estudiantes en la Sede Central,
    2.881.86 m2

Se construirán en total 91.252.72 metros cuadrados con el fideicomiso; además la infraestructura de acceso, iluminación y seguridad requeridas para los nuevos proyectos.

Atentamente,

Dra. Yamileth González García

Las cosas que no me gustan…

Miércoles, Enero 30th, 2008

Dado que esta es la primera cosa que escribo este año en este espacio, tal vez el tema no debería ser, pero en fin …

Este post no tiene nombre…

Domingo, Diciembre 23rd, 2007

Comprendo que mucha gente se ofusque tremendamente cuando les dejan un anónimo. También comprendo que no comprenden como funciona internet, porque en este sistema todos podemos ser tan anónimos como querramos. Y ponerse un sobrenombre simpático es exactamente eso: escribir un anónimo. Entonces ahí no entiendo por qué levantan tanto polvo cuando alguien les deja un comentario sin uno de esos sobrenombres.

O mejor dicho, no comprendo la fijación que tiene alguna gente con berrear cuando el comentario dice “anónimo” y sentirse de lo más satisfechos cuando dice “Juan Santamaría”. En alguna de esos cosas que si eran un blog, habíamos quienes compartíamos en sobrenombre de “cobarde anónimo”. Y eso era para reirnos de nosotros mismos entre nosostros mismos. Todos sabíamos que si queríamos, podíamos ser anónimos y si no queríamos poníamos nuestro verdadero nombre (y no el que nuestra pluma quisiera).

¿Y hacía alguna diferencia? Pues claro que la hacía, ¡esa es la belleza del sistema! Cuando escribíamos esos cobardes anónimos podíamos pasar datos de nuestros lugares de trabajo (igualmente anonimizados). También podíamos decir un par de verdades que serían tomadas, por aquellos con la madurez suficiente, por lo que decían (y no por lo que no decían, es decir, el nombre de su autor). En esa comunidad apreciábamos enormemente el valor de las ideas y no nos preocupábamos de saber si su emisor era recolector de basura o doctor en tangamandapismos. Evaluávamos las ideas por las ideas mismas, no por quién las dijese. Eso nos permitía conocernos mejor a nosotros.

Pero a ese sistema lo asesinó el Internet de hoy, es decir, la gente que usa Internet hoy, cuando quiso saber que quien escribía era “Luciano Bello” en respuesta al “Teniente Bello”. Y no porque quisieran el inútil dato que un personaje ficticio le respondía a otro. Sino porque el conocimiento de a quien corresponde cada nombre de pluma en la Vida Real los hace sentirse parte del grupo.

Qué es quizás la degeneración en la que ha caído el Internet de hoy: terapia de grupo para los que tenemos dificultad de comunicarnos con quien tenemeos físicamente al lado.

La próxima vez que les dejen un anónimo, ¡den las gracias!

¡Sole ganó!

Martes, Noviembre 20th, 2007

Como ella misma ya narró, Sole resultó entre los ganadores de un concurso literario organizado por Televisión Nacional de Chile con el nombre Chile con mis ojos.

No tengo palabras para describir la emoción que el hecho me causa, solo superada por la emoción que el relato mismo provoca. Por lo que cuentan parece ser que no solo yo me he dejado ir en llanto al leerlo.

Ahora solo aguardamos a ver el video que producirán para ilustrar las conmovedoras palabras.

¡Bravo!

¡Punto!

Lunes, Noviembre 5th, 2007

Mientras paseaba a Fuser — o como le llamaron ayer genéricamente en la caja de disimular soledades, “la máquina de ejercicio pelula” — veía a un grupo de chiquillos del barrio jugar escondido. Fue una inesperada sorpresa, pues ya casi me había creído el cuento de que escondido, quedó, la anda, rayuela y suiza habían quedado relegados a los libros de tradiciones del siglo pasado.

Viéndolos me acordé de lo divertido que era salir en la tarde al barrio y juntarse con los vecinos a ver que jugábamos ese día. Escondido era de lo mejor: “¡no se vale meterse a las casas!” sentenciaba uno, “¡de la pulpe hasta aquella esquina!” definía otro, “¡tiene que contar hasta 100!” demandaba el de más allá. Los árboles en el área permitida eran bajos, por tanto no ofrecían buen escondite, pero las casas tenían muritos bajos que salían hasta la acera, que lo dejaban a uno ver al que contaba, y calcular cuando pegar carrera hasta el punto. Alguna vez encontramos la alcantarilla sin tapa, así que más de uno se metió ahí. Era en realidad un mal escondite, pues cuando lo veían a uno, duraba mucho saliendo para ver si lograba llegar primero. La ebanistería estaba fuera de la zona de juego, así que tampoco. El que era sorprendentemente eficiente era el poste de alumbrado, pues si uno tenía cuidado, se podía mantener fuera de la vista del que buscaba.

Los carajillos se estaban divirtiendo, sucios y mojados hasta las orejas pues gracias a la lluvia de la tarde había barro por todas partes. Sin tennis de marcas sobreglorificadas ni pedazos de cuero esférico que fácilmente podrían pagarles el almuerzo todo un mes. Nada más corriendo y gritando a todo pulmón. Así estaban felices.