El valor del voto en blanco

11-13-2005

A menos que algo extraordinario suceda en las próximas semanas, la así llamada “deuda política” para la próxima elección será del orden de 14 mil millones de colones. El padrón electoral publicado por el TSE tiene del orden de dos y medio millones de votantes. Eso le da a cada voto un valor de más o menos ¢5600. Se debe ser cuidadoso y observar que hay partidos que participan en la elección para diputados pero no en la elección presidencial. Es más, hay quienes participan en la elección para regidores, pero no en la de diputados. Así las cosas, cada cuidadano emite tres votos separados, es decir, el tamaño del padrón triplica (o visto de otra manera, el total posible de votos emitidos se triplica). Así el valor de cada voto es de ¢1900 más o menos.

Esa es la forma en la que las personas razonables vemos las cosas. La forma en la cual los políticos ven las cosas es, sin embargo, diferente. Según el Código Electoral (CE-187):

el Tribunal Supremo de Elecciones, tan pronto declare la elección de Diputados, dispondrá, por resolución debidamente fundada, la distribución del aporte estatal entre los partidos que tengan derecho a él, en estricta proporción con el número de votos obtenidos por cada uno.

En caso de que el texto no sea suficientemente claro, para la elección del 2002 el TSE resolvió (0591-E-2002):

a) se determinará el costo individual del voto; para ello,

se dividirá el monto de la contribución estatal entre el resultado de la

suma de los votos obtenidos por todos los partidos políticos con derecho

a contribución, en la elección de Presidente y Vicepresidentes de la

República y Diputados; b) cada partido podrá recibir, como máximo, el

monto que resulte de multiplicar el costo individual del voto por el

resultado de la suma de los votos que obtuvo en la elección de

Presidente y Vicepresidentes de la República y Diputados o por lo que

obtuvo en una u otra elección, si solo participó en una de

ellas.

De esa forma, el tribunal tomó el total de la contribución estatal (cinco mil millones de colones) y procedió a dividir entre el total de votos para presidente y diputados que cada partido obtuvo. En otras palabras: repartió todo el pastel.

¿Está bien esto? Yo digo que no.

Mirando las estadísticas de las elecciones desde 1953 hasta el 2002, en promedio el 1% de los votos recibidos son blancos y el 2% son nulos. Así mismo 25% de los electores se abstiene completamente de emitir su voto. Para el 2002 el abstencionismo es 31% (710 mil personas) y 2% son votos blancos o nulos (40 mil personas). Es decir, tres cuartos de millón de habitantes no votaron por ninguna de las opciones ofrecidas. ¿Por qué entonces no se toma en cuenta la opinión de esas personas a la hora de repartir los premios en la fiesta? Es decir, ¿por qué reparte el TSE aproximadamente ¢1700 por voto recibido cuando el monto de la contribución (5 mil millones) dividido entre el número de votos posibles (6 12 millones) da menos de ¢800? (O, dado que solo se toma en cuenta presidente y diputados, ¢1100 por voto)

Nótese como esto nos ahorraría del orden de cuatro mil millones para esta vez. Con ese dinero se puede invetir en programas de asistencia social, o reparar carreteras en la zona sur, o reconstruir escuelas en Limón, o financiar el fondo de becas o el FES, o en última instancia se puede pagar deuda pública.



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