Sobre la libertad de expresión

03-02-2006

El problema cuando uno defiende la libertad de expresión es que uno la debe defender toda. Igual como se pone uno de parte de aquel al que se están majando — aunque sea solo por ser un pendejo al que le gruñen y se tira al piso — se pone uno también de parte del que expresa opiniones que van en contra de las propias.

Si yo no creo en la crianza de elefantes rosa, eso no quiere decir que me parecerá correcto que alguien que no cree en dichos bichos se oponga activamente a que el que si lo hace hable de eso. Tal vez no sean rosa, pero si son elefantes esos con los que Medea se encontró. Elefantes porque el tema del aborto, o en general la vida humana, es tan grande y tan complicado que los que dicen que defienden la libertad de expresión, cuando les toca enfrentarse al mismo, de pronto se preguntan a sí mismos si de verdad creen, o si nada más quieren creer que creen.

El tema con el que Medea comienza es uno de censura. Resumen ejecutivo de la situación:

BoingBoing es un blog colectivo, autodescrito como “a directory of wonderful things.” Es altamente irreverente, pro-libertades civiles, con algún desprecio por el status quo, no es inusual que incluya enlaces a sitios con violencia gráfica (pero tampoco es la norma) o de contenido sexual que concebiblemente pueden resultar ofensivos para más de uno (recordar que alguna gente en este mundo se siente ofendida si le muestran un par de labios). Recientemente una compañía que ofrece servicios de filtrado de contenido incluyó a BoingBoing en su lista negra. BoingBoing se molestó con dicha acción e inicio una campaña de boicott contra dicha compañía.

So far, so good. BoingBoing tiene derecho a hacer todas las campañas que les venga en gana, están expresando su desacuerdo con la existencia y el uso de un producto que se utiliza primordialmente como una herramienta de censura.

Er… ¿en realidad es tan fácil? La situación que este tipo de software busca controlar se explica más efectivamente con un ejemplo: diseñador gráfico trabaja en empresa de publicidad, diseñador gráfico utiliza conexión de empresa para ver pornografía en horas de trabajo, ver pornografía no es parte de la descripción laboral de diseñador gráfico en empresa, empresa se molesta. Como la conexión es un recurso de la empresa, y al empleado le están pagando para que realice una labor para la misma, la empresa está legalmente facultada para decidir si el empleado puede o no puede utilizar sus recursos para “actividades varias.”

Personalmente defiendo la idea de que la mejor solución a este problema es no poner ninguna barrera tecnológica para evitar que el empleado incurra en la conducta conflictiva y en el momento que esta se detecta hablar con el mismo. Hablar. ¡Vaya concepto! Documentar las políticas de la empresa en materia de utilización de recursos. ¡Otro concepto revolucionario!

Bajándolo del dominio de las computadoras y llevándolo al más inocente de… ¡las engrapadoras de papel! Si yo trabajo para una empresa donde como parte del material que me dan para hacer mi trabajo me entregan una engrapadora — que nunca uso porque en primer lugar soy alérgico al papel — ¿estaría bien que de pronto la comience a utilizar para engrapar, digamos, todas las tareas que tengo que presentar en la U? Un punto de vista extremo es que no, no está bien. Otro también extremo es qué importa, las grapas son baratas. Uno más al medio es que tal vez mis estudios en la U benefician a la empresa para la que trabajo. Uno absolutamente inimaginable es pedirle permiso al superior.

Ignorando el hecho, subrayado por BoingBoing, que estas soluciones tecnológicas (en oposición a las sociales) no funcionan, Medea aprovecha la oportunidad para cuestionar quién debe estar a cargo de la información que llega a los niños, y en general quién debe estar a cargo de la información que nos llega.

La primera tiene una respuesta fácil: los padres. Si los padres modernos son un grupo de pendejos incapaces de hacerse cargo de la educación de sus niños y que prefieren echar mano de la niñera electrónica (llámese esta TV, PlayStation, Internet, …) eso es un problema diferente. Medea dice al respecto que “es iluso pretender que siempre haya un padre junto a su hijo controlando que no accese información ‘no apta para menores de edad’”, pero no se trata de eso, de que controle. Se trata de que el padre eduque a aquel por el que es legalmente responsable de forma que si le toca ver a Tonka en exhibición de camisetas mojadas el hijo pueda entender primero que eso no tiene nada de malo y segundo que es un acto para el cual existen tiempos y lugares apropiados. Si le toca ver una caricatura donde Los Malos destruyen a Los Más Malos con un rayo desintegrador, que entienda que eso es fantasía, y que aún así estamos hablando de eliminar vidas y no de un juego de cromos.

Respecto a la información que nos llega… precisamente porque los padres modernos son en su mayoría un grupo de pendejos es que hemos acordado, como sociedad, que debe ejercerse algún tipo de control. No le vendemos revistas porno a menores de edad, no los dejamos fumar o ingerir alcohol, no les permitimos hacerse tatuajes, no exhibimos material sexualmente explícito en la Plaza de la Democracia un lunes a medio día, no permitimos actos indecorosos en la vía pública, … Se trata de preservar los valores que, como sociedad, hemos acordado que son los nuestros.

Que en realidad me lleva por fin al punto: libertad de expresión no quiere decir que pueda decir públicamente lo que me venga en gana de quién me venga en gana. Llamar al genocidio no es ejercer la libertad de expresión, llamar a un levantamiento armado porque no me gusta el resultado de las elecciones no es ejercer libertad de expresión, demandar vociferando que se haga lo que yo digo no es ejercer libertad de expresión, …

Pero explicar a otros como inducir un aborto sí es. Que la información pueda poner en peligro la vida de una madre que no quiere serlo es otra cosa. Eso tiene que ver con ética y con moral. Y ahí podemos volver al párrafo sobre educación…

Mi libertad termina donde comienza la del resto.



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