Sobre los helicópteros

01-14-2009

El titular rezó _“Helicópteros cobraron hasta $1.700 [sic] a turistas”._ “Es una barbaridad que se aprovechen así de la gente” se escuchó varias veces.  Más allá dizque “como no tenemos fuerza aérea, entonces pasan estas cosas”. Y no faltó el que se dejó ir con “si la gente paga eso, ¿dónde está el problema?” (es decir “bendito sea el libre mercado, que se muera el que no pueda pagar”).

Y todo eso ignora cómodamente el problema de fondo: nos faltan, como país, pantalones. La situación es simple: el gobierno de Costa Rica no cuenta por diversas razones con esta clase de equipo: aeronaves, vehículos todo terreno, barcos y cosas de esa clase.  Tiene maquinaria pesada, pero no cuenta con los medios para transportarla en situaciones como las que vivimos.  Y es posible que en la realidad costarricense el gobierno tampoco deba tener esa clase de equipo.

Pero que lo necesitamos, lo necesitamos.

Y he ahí la falta de pantalones: en otros países, en situaciones comparables, el gobierno ha procedido a requisar el equipo necesario que esté en manos de privados.  Si los dueños del equipo así lo desean, pueden colaborar y operarlo ellos mismos, pero si no el gobierno se hace cargo.  No tiene ningún sentido andar mendigando y someterse a los caprichos y limosnas de particulares (por ejemplo, esta empresa que con cinco helicópteros, puso a “trabajar” cuatro e hizo “caridad” con uno).  El gobierno tiene (o debería tener) mejor capacidad para coordinar toda la logística de una situación como esta: maneja toda la información sobre la emergencia; tiene acceso prácticamente ilimitado a combustibles y todos los insumos necesarios; tiene el acceso necesario al territorio; y tiene la potestad para una acción de esta clase.

Pero en Costa Rica el solo hecho de hablar de esta idea ya es razón para escándalo.  Habemos tres gatos que vemos el sentido y la necesidad para esto.  De la población restante la mitad está de acuerdo porque siente que algo así solo la podría afectar “positivamente”, es decir, como no tienen ni helicóptero, ni camiones, ni buses, ni barcos, ni nada que se le parezca, entonces ven que no tienen ninguna posibilidad de perder algo y concluyen que en el futuro ellos podrían estar en el extremo receptor en este negocio.  La otra mitad está en desacuerdo porque aunque no necesariamente estarían en el extremo que “perdería”, aspiran a estarlo, pero dado que esa forma de pensar es a todas luces egoísta y decirlo así suena feo, entonces prefieren racionalizar todo el asunto arguyendo que esto va en contra de esos pináculos de la civilización llamados “propiedad privada” y “libertad de empresa”.

Ambos frentes no ven el asunto de fondo: esto es una emergencia y por tanto está en peligro la sociedad. En esa circunstancia no es posible pensar en términos de “qué gano” y “qué pierdo”.  En lugar de dedicarnos peremnemente a poner parches, tenemos que comenzar de una vez a arreglar los problemas.  Y esta situación es uno de esos problemas.



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